El sistema de transporte y los impactos en la salud – Parte 1: Accidentalidad

Uno de los impactos más dramáticos de la movilidad es la accidentalidad de tránsito. Truncan la vida de personas, afectan el funcionamiento de familias y generan una cadena de consecuencias de difícil cuantificación. Se estima que cada año mueren 1.27 millones de personas en choques y atropellos, de los cuales 91% ocurren en países en desarrollo (EMBARQ, 2011). En el último informe iberoamericano de seguridad vial (OISEVI, 2016), con datos relevados hasta 2014, se registraron tasas de mortalidad por siniestros de tránsito en la región, que variaron entre 3,6 (España) y 21,2 (El salvador) fallecidos por cada 100 mil habitantes. Uruguay presentó un índice de 15,6 ubicándose entre las tasas más altas de la región. En el 2016 el país presentó una disminución en el índice, estableciendo una tasa de 12,4 fallecidos por cada 100 mil habitantes, lo que representó aproximadamente 435 muertes (UNASEV, 2015).

Debe aclararse que en estos informes el concepto de muerto, abarca a cualquier persona fallecida en el acto o durante los 30 días siguientes a un hecho de tránsito (OISEVI, 2016). Un dato impactante se revela al mostrar la severidad de las lesiones. De un total de 27.267 personas lesionadas en el tránsito en Uruguay en 2016, 3.593 corresponde a heridos graves. Aproximadamente 23.228 personas, sufrieron una lesión leve. Debe mencionarse que en el informe de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (UNASEV, 2016) no se define lo que es una lesión grave y por lo tanto atrás de estas cifras pueden ocultarse otros tipos de impactos como las perspectivas de desarrollo de una vida plena y las consecuencias emocionales tanto para el accidentado como para su circulo familiar y su entorno social. En algunos análisis se muestra que el costo del tratamiento médico de las personas lesionadas en accidentes de tránsito, supera de dos a tres veces el costo de cualquier enfermedad.

En ese mismo informe (UNASEV, 2016) se encuentra la distribución de fatalidades según el vehículo de circulación, mostrando que el 46% de accidentados usaba moto, 29% auto o camioneta, 17% eran peatonoes y 7% ciclistas. Estos datos contrastan con el informe del Observatorio de Movilidad Urbana (CAF, 2016), donde se muestra que en la región de América Latina el 47% de los fallecidos en siniestros de tránsito son peatones, 31% motociclistas, 17% conductores de auto y 5% ciclistas. En este último informe se refleja la desproporción y las paradojas de un modelo de transporte que se convierte en la principal amenaza de los actores más frágiles de la movilidad. Este modelo genera costos económicos en los siniestros de tráfico del orden de USD 518 miles de millones, o 1.5% del PIB de los países en desarrollo y 2% del PIB de los países industrializado (EMBARQ, 2011).

Continúa con la Parte 2

Mira estos datos globales de la OMS sobre los traumatismos generados por el tránsito

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